






Hace cien mil años, mucho antes de cualquier laboratorio, ya usábamos plantas con efectos profundos sobre la mente.
En cada continente, sin contacto entre sí, distintos pueblos las hicieron parte de su medicina.
Ritual, medicina y cultura. Siglo tras siglo, civilización tras civilización, siempre estuvieron presentes.
Entre 1950 y 1965 se publicaron más de mil estudios clínicos sobre cuarenta mil pacientes. La psiquiatría más seria del mundo los tomaba en serio.
Un cambio en las políticas detuvo los estudios casi de un día para el otro, y gran parte de ese conocimiento quedó archivado. Una generación entera creció sin esa posibilidad. Hoy podemos retomar ese camino.
Y se entendió algo clave: la molécula es solo una parte. El resultado depende del proceso completo. El contexto, el acompañamiento, la intención. El set y el setting.
Australia, Canadá y Estados Unidos ya prescriben estas terapias en marcos regulados: lo que era experimental hoy es práctica clínica.
Desde Neuquén, una startup está construyendo la herramienta para generar la evidencia científica que el sistema de salud necesita.
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